martes, septiembre 16, 2008

AQUAE TURRIS




Poco antes de inagurarse la Expo leí en un periódico que la Torre del Agua había surgido del profundo dolor de un padre ante el fallecimiento de su hijo en plena juventud.



Durante la visita al edificio pensé muchas veces que a la torre se le podría haber llamado la torre de la vida porque creo que toda ella es una metáfora arquitectónica de nuestra existencia.



Vista desde el exterior es una contrucción bella, indescriptible por su forma sin ángulos ni esquinas. Una vez dentro y en los primeros pisos la subida es asistida (con escaleras eléctricas), como la vida en sus primeros años.



A partir de ahí se te avisa de que si empiezas has de acabar la ascensión y por supuesto la bajada. En ese momento empiezas a ascender con una pendiente apenas perceptible pero que percibes por la percepción que tienes de la escultura metálica que pende entre las cuestas laterales. La escultura representa una inmensa gota de agua y conforme vas subiendo la ves de diferente forma. Como en la vida en la que los mismos hechos vamos viéndolos y valorándolos de manera distinta conforme te haces mayor.



Durante el ascenso puedes ver a mucha gente a tu alrededor: unos suben, como tú, y te puedes acoplar a su ritmo, o adelantarlos y otros se ven en el lado opuesto descendiendo. La metáfora cobra ahí su mayor valor: en nuestro caminar podemos encontrarnos con personas a las que podemos acompañar, o dejar a un lado y mientras nosotros estamos en la subida (o madurez) ves a otros que ya han iniciado el descenso después de conseguida la meta.



Un edificio como la Torre del Agua invita a la reflexión y pone en evidencia la capacidad creativa de algunos hombres que hacen poesía con la arquitectura.

3 comentarios:

Josico dijo...

Sólo por la belleza de este texto acerca de la Torre del Agua, ya da sentido y valor a tu visita a la Expo de Zaragoza.
¡¡Me ha encantado!! ¡¡Pura poesía!!

David dijo...

Gracias por esta maravillosa metáfora. Me uno a lo expresado por Josico.
La torre, que no visité, creen algunos que debería terminar en un gran mirador a la ciudad de Zaragoza, en un espacio para recrear la vista después de la subida. Creo que esto ayudaría todavía más a la metáfora de la vida. Los que somos creyentes, los que somos cristianos creemos en la resurección, en la Vida definitiva junto a Dios y en la que sólo ver su rostro será suficiente para entender la existencia, la definitiva contemplación de lo que hemos ido buscando en la vida, la felicidad, el sentido de lo que somos y hacemos.
Gracias Merche.

mady dijo...

Desde la primera vez que nos has enseñado el articulo que habias hecho pe parecio muy interesante y creo que muy pronto ire a visitar el precioso edificio.